El entramado de factores emocionales
La tristeza persistente no suele aparecer de la nada; es el resultado de un cúmulo de experiencias. A menudo, el estrés crónico derivado de dificultades laborales o un entorno de burnout severo agota nuestra capacidad de respuesta. Si a esto le sumamos problemas de pareja o conflictos personales que no encuentran solución, es inevitable que surja una baja autoestima. En muchos casos, este estado se ve agravado por problemas de adaptación a cambios bruscos, la carga de problemas familiares irresueltos o incluso una dependencia emocional que nos mantiene anclados al malestar.

